CARPE DIEM CAPITULO 9

 Capítulo 9


Tenía suerte Fernandina, que algunos domingos, el abuelo Alberto, se la llevaba de paseo a Blanes o a Sitges. Cogían el coche, y cual centellas, salían huyendo del temporal familiar.
En la playa, daban largos paseos, contemplando el vaivén de las olas, que amortiguaba los pesares, meciéndoles al alma dolida.
El abuelo y la abuela, eran la noche y el día, dos polos opuestos, que inexplicablemente, seguían viviendo bajo el mismo techo, sin apenas relacionarse entre ellos.
Una relación bien curiosa…
Alberto, tenía una amante alemana, Marta creo que se llamaba.
A ella dedicaría, seguro, sus mejores momentos amatorios, cómicos… y los conciertos de violín.
En casa, jamás lo escuchamos. Es lógico.
No había tiempo para la belleza.

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