viernes, 24 de septiembre de 2010

CARPE DIEM 2

Capitulo 6

Sonreía constantemente, una manera de no malgastar palabras.
Siempre caían en saco vacio.
Toda su vida fue un compendio de fracasos y equívocos.
Desde que mató a la abuela, ha estado pringando. Quizás una forma de pagar la culpa.
Fue un asesinato no resuelto. De tan evidente, era increíble.
La policía de la época estaba más por labores de orden público, la ley de vagos y maleantes…etc.
¡ Pobre señora¡, ya tenía una edad, en la que cualquier forma de morir, es bienvenida, y responde a una lógica .
Las palomas del balcón, fueron las únicas, testigos del evento .
La nieta, tenía unas manos preciosas, hábiles para la música, la escritura y, la masturbación propia y ajena, y por supuesto, para la maldad , tan bien cultivada.
Sus labios, bien perfilados, servían para cualquier cosa; hasta para mentir.
Después de los años , recuerda los hechos, como si fuera un sueño.
Era el resultado de un hartazgo, como si en el fondo, el mundo le pidiera a gritos, que cometiera ese acto de lujuriosa justicia, tan necesario para las almas frágiles, víctimas de tanta hipocresía e impostura.
No era elegante prolongar su vida.









Capitulo 7


Para cometer actos deleznables, se ponía de punta en blanco…bueno, de negro riguroso…
Con el perfume preferido, que huele a canela y jazmín. La hacía más apetecible, de esa manera, engatusaba mejor al adversario.
Fernandina , que así se llama la niña, tenía una salud de hierro. La abuela la cebaba, para satisfacer su mala conciencia, o vete a saber qué lejanas u ocultas culpas.
La nieta, cuando se cansaba de oír improperios… subía al tejado de la casa, viejo, ruinoso, con la esperanza , que desde lo alto, nadie la viera escupir a los viandantes, que ignorantes, paseaban por la calle, mientras una lluvia rabiosa de mocos y saliva, les caía sobre la cabeza.
Así era nuestra heroína.
Infame y radiante, como una mañana de primavera.



Capítulo 8

Fernandina, solía tener sueños eróticos…nada tenían que ver con los demonios ,y fantasmas, de los que la abuela le hablaba. Se masturbaba y ,¡ ale¡ …pasaron los males.
A medida que transcurría el tiempo, los años la hicieron madurar, en todos los sentidos.
Se volvió esquiva, taciturna y silenciosa.
Siempre imaginaba maneras de suicidarse, o matar a la abuela atormentadora y come-cocos.
Tenía Eloísa, así se llamaba la abuelita, una tendencia obsesiva con los santos, las imágenes, velas y agua bendita. Cuando había broncas familiares, sacaba el frasco de la alacena y lo esparramaba sobre los contendientes, como si de un exorcismo , o extraño ritual se tratara; confiando que eso, calmara los ánimos.
¡Pero nada de nada¡, ellos seguían golpeándose, rompiendo vasos, platos y gritando como condenados. Con unos insultos, que no repetiré, para no dañar las cándidas miradas lectoras…

Capítulo 9

Tenía suerte Fernandina, que algunos domingos, el abuelo Alberto, se la llevaba de paseo a Blanes o a Sitges. Cogían el coche, y cual centellas, salían huyendo del temporal familiar.
En la playa, daban largos paseos, contemplando el vaivén de las olas, que amortiguaba los pesares, meciéndoles al alma dolida.
El abuelo y la abuela, eran la noche y el día, dos polos opuestos, que inexplicablemente, seguían viviendo bajo el mismo techo, sin apenas relacionarse entre ellos.
Una relación bien curiosa…
Alberto, tenía una amante alemana, Marta creo que se llamaba.
A ella dedicaría, seguro, sus mejores momentos amatorios, cómicos… y los conciertos de violín.
En casa, jamás lo escuchamos. Es lógico.
No había tiempo para la belleza.




Capítulo 10


El perro del abuelo Alberto, era un pastor alemán magnífico. Se llamaba Nebi , nombre de galleta…por cierto muy ricas y escasas en nuestra familia.
Era un hermoso animal, lo bañaba en la bañera de casa , dejaba tropecientos millones de pelos, que la criada Juanita , se encargaba de limpiar.
Un buen día, y de repente, el perro desapareció. Según cuentan las crónicas, mordió a una modista que venía por casa a tomar medidas a la abuela, para hacerle un hábito franciscano.
El pobre animal fue sacrificado en la perrera municipal, por dar rienda suelta a la rabia, a su bella animalidad. La pena es que no mordiera también a la abuelita…¡¡¡
¡Pobre bicho¡¡¡Fernandina, sentía por él, una mezcla de complicidad y cariño. Le hubiera gustado ser perro, para hacer lo propio, morder y morder con ahínco, todo lo que se le pusiera por delante.
Dicho vestuario, era la consecuencia de una promesa que hizo, con la intención de que si su hijo pequeño, se curaba la tuberculosis, llevaría ese dichoso y horrible vestido, de por vida.
Lo más increíble y extraño, es que el tío Enrique, murió a causa de esa enfermedad, y ella siguió con ese hábito , a pesar de todo, hasta su funesto final.
Algo le decía a Fernandina, que ese vestuario sería su mortaja, por tozuda y cerril.


Capítulo 11


Resulta curioso ver la lluvia desde la ventana, es tan suave y hermosa como una caricia.
Eso imaginaba Fernandina, las tardes de otoño, cuando, sin nada que hacer, se limitaba a contemplar la calle, a las mujeres ,que bajo paraguas de colores, paseaban, o en el peor de los casos, iban a comprar algo al mercado, o huían de su hogar, hartas de todo.
Sí, la vecina, Margarita, era una alcohólica conocida, y paseaba sin paraguas, chorreándole la media melena mal cuidada. El vino y los cubatas, le habían sorbido el poco sentido común que le quedaba, después de convivir treinta años con un machito ibérico, de los que zurran ,y criado a cinco hijos , que se le han ido de casa. Estaba sola.
Ese era el premio a sus cuidados y atenciones ,el trofeo , por ser mujer , madre e ignorante.
En el fondo del corazón de la ventana, se difumina la silueta blanca , con un paraguas negro. Es la última mujer esperando el tranvía, que la llevará a ninguna parte.




Capítulo 12


Menudos subidones la daban a la nieta, cuando oía roncar a la abuela…se relamía, imaginando , las mil y una formas de acabar con ella.
Con la almohada, ahogándola…nooo, demasiada fuerza,¿ y si se defendía y gritaba…?
Llenándole la copa de vino dulce, poniendo matarratas que guardaba en un cajoncito de la cocina.
A Eloísa, le encantaba mojar galletas en moscatel, y ponerse tibia; con lo que ceguera y diabetes, aumentaban las probabilidades.

¿Y si la madre naturaleza, con su infinita sabiduría, pusiera fin a sus días, por la magia de esas copas..?
Un desenlace tan deseado…¡debería cumplirse . Soñaba con ello día y noche.
Así lo creía Fernandina.


Capitulo 13


Bernardo, el vecino , le da clases de matemáticas ,y otras cosas a Fernandina, así descubrió su sexo y el ajeno, sin que nadie se enterase. A hurtadillas, con la puerta cerrada, mientras , los números y las raíces cuadradas dormían en el papel, ellos sumaban besos y mas besos, sacudiéndose y revolcándose sobre la cama, a una velocidad, que ríete tu de los peces de colores, por decir algo.
La abuela, o era tonta, o le daba igual…¡ lo que sí es cierto, es que estaba sorda de un oído y medio ciega, eso les permitía, desenfrenos y desmesura.
Suspendió en Mates, con lo que la abuela le despidió…
Fernandina siempre fue mala en materias científicas, le gustaban más las bellas y malas Artes, como la lengua, las bestialidades, y las banalidades de una vida dedicada al asedio y sedentarismo.
A pesar de todo, siempre guardó un buen recuerdo de Bernardo, que le introdujo en el sensual mundo de las mates entre sábanas, donde lo menos importante es la ecuación.


Capitulo 14


En la oscuridad, se piensa mejor, es más fácil decir las verdades y las crueldades. Eso pensaba la nieta. Es cuando puedes maquinar las más inteligentes ideas asesinas, como la araña va tejiendo sigilosa y cauta, la red con la que luego envolverá a sus victimas .
Cuando el silencio de las sábanas, te aprieta el alma ,y la rabia, poco a poco va subiendo hasta poseerte.
Tenía motivos más que suficientes; a sus quince años, había visto de todo: peleas, insultos, amenazas ,gritos, suspiros, lágrimas ,bofetones…¡
Todo regado con rezos, agua bendita, moscatel, y ,¡A joderse tocan¡.
¡Pues mira, no, no y no ¡¡ ,pensaba Fernandina.
A la mañana siguiente, se levantó temprano y fue al instituto, como cada día, pero las nubes amenazadoras ,cubrieron el cielo rápidamente. Descargó una tormenta del copón, se puso hecha unos zorros, y escupiendo sapos por la boca, entró en clase dispuesta a escuchar el rollo del profe de latín, un ex -cura pestoso y pederasta, por más señas.

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